Confluencias

24.04.2017

Mientras esperaba en la rambla, vi que el Río de la Plata estaba más parecido a un océano. El color del agua ya no era marrón. El color era azul y el río parecía más profundo que nunca. Como si meterse caminando ya no fuese una posibilidad, tendrías que zambullirte enérgicamente para entrar.

 

Y esto parece la evidencia perfecta de que la corriente traerá nuevos animales, flores marinas y millones de litros de agua fresca del oeste, que nunca se había mezclado con el agua dulce de nuestro río.

 

Dicha confluencia sucedió el sábado 7 de abril en el Festival Río de la Plata, en honor al gigante acuoso que nos bendice todos los días a los montevideanos. Organizado por La Órbita Irresistible, la fiesta se llevó a cabo en Río, uno de los más nuevos e interesantes proyectos de Plaza Mateo. Este evento era especial porque implicaba la llegada de bandas de Argentina, más precisamente de Mendoza. Y, a su vez, era el primer gran toque del año para Algodón y Oso Polar, cuyo verano se extendió unas semanas más.

 

Cuando recién me desperté y vi el cielo, pensé que ese iba a ser un día de tormentas. El viento soplaba fuerte y nubes negras acechaban nuestra fortaleza costera para la noche. Mientras los preparativos se llevaban a cabo, entre café, papas fritas y cerveza, se generó un amoroso espacio de intercambio cultural y amabilidad entre estos dos bloques de personas.

 

Por un lado, tocaron, desde Mendoza, nuevas bandas con el espíritu de aquellos que viven contemplando la magnánima montaña, que les enseña que el camino es siempre hacia arriba. Y así es, porque la música de Simón Poxyran, Tito, Las Cosas Que Pasan y Lucca Bocci es sincera y no le pide permiso a nadie. Suena como mirar una gran ciudad desde la altura, los grandes gestos de amor de los pequeños habitantes, el aire fresco en la cara.

Se prepararon la noche anterior en el Tundra, hogar de milenarios toques. La apertura fue a cargo de Los Cables, trío formado por Paul Higgs, Seba Rodríguez y Mariano Gallardo. Luego de una fría noche de música, los mendocinos se retiraron hacia la guarida de Higgs, donde descansaron y prepararon sus neuronas para lo que vendría al día siguiente en el festival.

 

Ya en Río, a eso de las 20.00 Luca Bocci inició la congregación con sus canciones. Acompañado solamente por su guitarra eléctrica, los pedales que otorgan la psicodelia y su voz infalible, su música fue el comienzo perfecto. Las personas escuchaban en silencio.

 

Le siguió Tito, que tocó canciones de su disco Hotel Universo. Hay quienes dicen que su música es como montar una ola y no creo que haya mejor descripción. Las melodías de Tito se atascan en la mente de uno como la misma voz que nos habla y nos dice que hagamos cosas, y los acordes de su guitarra hipnotizan como aquel minijuego de Pokemon Stadium en el que teníamos que dormir un Drowzee.

 

Cuando tocó Las Cosas Que Pasan la energía se transformó: de la mágica ola a la explosión total. Sus canciones son el resultado de un montón de energía acumulada que encuentra su fuga a través de Leandro Pezzutti y su increíble voz inagotable, y su guitarra y los golpes de batería y Tito en el bajo. La combinación perfecta. Por supuesto, todo esto sucede porque se nota que hay algo importante que quieren decir. Esa necesidad habita en ellos.

 

Simón Poxyran había estrenado nuevo disco unas semanas atrás, Saieg, y llegó a Uruguay para seguir tocándolo. Aunque el formato en el que se presentó fue simple (guitarra acústica, bajo y ritmos de una computadora), Simón sabe bien lo que hace y cómo hacer un buen show. Las letras son íntimas y la forma en que las canta demuestra que vienen desde lo más esencial de su organismo. También, tuvimos el placer de escuchar algunas canciones de su banda Perras on the Beach.

Cuando terminó, era nuestro turno, de Oso Polar, de subir al escenario. Después de mucho tiempo sin tocar, volver en un día como este era todo lo que podíamos pedir. La ansiedad por que llegara ese fin de semana se venía arrastrando hace mucho tiempo, por todo lo que significaba: conocer a los nuevos amigos de Mendoza con su energía y puro amor, pasar el día entero en Río rodeados de nuestros compañeros de siempre y escuchando las ocasionales canciones discretas de cada uno de los que agarraba la guitarra criolla de Simón y, lo más importante, tocar. Tocar nuestras canciones.

 

El toque de Piel fue infalible. Hacía unas semanas se habían presentado allí mismo, junto a Cítrico. El hecho de que toquen seguido los hace tener un nivel de prolijidad que les permite volcar muchísima energía a la hora de interpretar las canciones. Gastón está cantando como nunca y, por segunda vez, tocaron un tema nuevo que es evidencia de que se acercan grandes tiempos para ellos, que están por empezar a grabar su segundo disco. Escuché canciones, lo valen. Con Piel es imposible resistirse a cualquier tipo de movimiento que quiera hacer nuestro cuerpo, siempre fue así. 

 

Algodón tenía la responsabilidad de cerrar los toques en vivo. A mí me tocó vivirlo desde atrás, haciendo las luces. Sinceramente, creo que fue el mejor de la banda. Como un golpe en la cara pero acompañado de hielo, para que el dolor no llegue a sentirse. Fue corto pero sucedió todo lo que tiene que suceder en un gran toque. Paul se dio un baño en el Río de la Plata antes de tocar y volvió purificado para hacer lo que mejor sabe hacer. La euforia era compartida, de la banda y del público (que no dejó de bailar y cantar las canciones). Aparte, dicen que el juego con las luces fue increíble.

La alegría que sentí esa noche fue total y reconocí que estaba en el lugar indicado. Parecía que una vez que cruzabas el umbral de Río el amor y la libertad se apoderaban de tu cuerpo y te hacían bailar y sonreír, fuera la música que fuera. Una de las imágenes que quedaron en mi cabeza es la de Tito, Leandro y algunos de los demás bailando en círculo mientras cantaban un estribillo de Piel, como si fuese una gran tradición.

 

La música postoques, a cargo de Romolo Disco, Mike y Theic, mantuvo a todos bailando durante toda la fiesta. Personas que nunca había visto en mi vida, moviéndose al ritmo de un Calypso alegre, fue de las mejores primeras impresiones que podría tener de todos ellos.

 

Más allá de lo específico de la unión de estos dos grupos de personas, separadas por el espacio, lo que verdaderamente importa es la posibilidad de que confluyan bandas de ciudades que se alzan como focos de densidad musical y cultural. Con gente que encuentra el alivio y sentido en la creación. Cuya voz se entiende porque de verdad tiene algo para decir.

 

Podés escuchar la nota narrada por Pedro:

 

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