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[Un cerebro en cubeta] En busca de la certeza perdida

Jorge Fierro


Apuntes y recortes sobre la escena de la filosofía contemporánea desde el confinamiento




-You know nothing, Jon Snow.



Según “Once tesis sobre Virus Mundi”, por Comité Disperso, en la revista Lobo Suelto:

“En las últimas semanas, es suficiente echar un vistazo a la gran cantidad de opiniones científicas en periódicos y televisión para darse cuenta de que la distancia social entre noticias falsas y opiniones de expertos tiende a confundirse. Millones de partículas están dispersas en el aire que contienen pronósticos, opiniones, probabilidades, consejos, cada uno expresado por la imperiosa cátedra del título, todos unidos por una verdad desconcertante: no sabemos nada”.

El desconcierto llega en forma de tormento. Las certezas son commodities de primera necesidad, como la mascarilla y el alcohol en gel, pero no hay dónde comprarlas. Siento sin sentir que cuando tenga alguna seguridad podré curar los males de la cuarentena en casa: la ansiedad, el sueño cortado, la irritabilidad. Confundo las expectativas de certeza con las expectativas de que el problema Coronavirus se solucione. Hay algo en esto de la neurosis de control a la que refiere Rita Segato.


¿Por qué el desconcierto viene con esa forma? ¿Lo podremos desnaturalizar, politizar, invertir su carga de valor? ¿Puede el desconcierto ser algo positivo, algo que quiera querer?


Giorgio Agamben lo pone en estos términos:

“Nunca antes habíamos presenciado el espectáculo, típico de las religiones en tiempos de crisis, de opiniones y prescripciones diferentes y contradictorias, que van desde la posición herética minoritaria (también representada por prestigiosos científicos) de quienes niegan la gravedad del fenómeno hasta el discurso ortodoxo dominante que lo afirma y, sin embargo, a menudo diverge radicalmente en cuanto a cómo tratarlo”.






En esta actualidad tan extraña muchas de las preguntas que se les hacen a lxs epidemiólogxs tienen esta réplica: no lo sabemos. Muchas de esas indagaciones apuntan hacia el futuro, mientras que en el pasado, al parecer, los informes de científicxs que anticipaban o señalaban las grandes posibilidades de que esto sucediera fueron ignorados.

Algunxs epidemiólogxs nos dicen que hay que encerrarse, otrxs que hay que ir por la inmunidad de rebaño. Está demostrado científicamente: lxs científicxs discrepan. Además, la historia de la ciencia tiene más errores que aciertos. La vigilancia epistemológica entre pares es un aspecto fundamental de la disciplina. El mismo campo se encarga de elevar y silenciar a ciertas voces y el criterio para hacerlo no está relacionado con lo verdadero y lo falso. Algunxs epidemiólogxs señalaron que esto es como la H1N1, otrxs que no. ¿Cómo puedo yo, que no pertenezco a la comunidad científica, posicionarme con unx u otrx? Lxs dos son razonables, lxs dxs tienen experiencia, información y dudas. Rigurosamente, yo no puedo posicionarme, quizás debería aceptar eso. Estoy a la deriva en la incertidumbre.


Ignoro, y no es fácil dar con esa información, qué produjo la filosofía durante períodos críticos como estos, qué pensaron lxs filósofxs durante y apenas después de la segunda guerra, por ejemplo, y si es que esos acontecimientos influenciaron su pensar. La filosofía ha sido muy hábil en contar una historia de la ciencia diferente, en la que la razón no es necesariamente lo que más prima, pero no ha podido hacer lo mismo con la filosofía misma.




Creer, saber, desear


Posibles respuestas a la pregunta de por qué es necesario tomar una posición: me tranquiliza emocionalmente, me hace sentir bien (o mal) en relación a las medidas que toma el gobierno, me permite ser crítico con quien tome la posición contraria a la mía, me permite especular o predecir algún futuro próximo.


¿Será posible que uno se adscriba a una u otra teoría epidemiológica no por la teoría en sí, sino con base en qué sujetos políticos toman cada una de las opciones, o con base en mis deseos? Si yo quiero que la cuarentena se termine, por ejemplo, ¿estaré más próximo a la posición de la inmunidad de rebaño por ese querer inicial?

Supongo que las autoridades políticas de turno están en la misma situación que casi todos. Escuchan recomendaciones técnicas divergentes y hasta opuestas. ¿Se vota la posición oficial de la ciencia y gana la teoría que más manos levanta? ¿Cómo se toman decisiones en la incertidumbre?


Es claro que la duda también tiene formas diversas de ser gestionada: es mejor equivocarse protegiendo a la población que equivocarse arriesgándola.

“Imaginate si al final el tiempo le da la razón a Bolsonaro”, me decía un amigo.


Estas son épocas de prefijos que indican negación: inmunidad, incertidumbre, incierto, indecisión, infectado, inminente, inaudito, impotencia.




Viru viru


¿Leyeron a Byung-Chul Han? pregunta Juanchi Hounie, en Fácil desviarse—. Se mandó un artículo interesante.

No, quiero leer a epidemiólogos le contesta Jorge Balmelli. No me interesan estos sanateros como Harari, Byung-Chul Han... Vayan a escribir un libro y en un año lo sacan y festejamos.

Linda posición polémica de Balmelli. En este momento, ¿nos damos cuenta de que una vez más la filosofía y los intelectuales no sirven para un carajo? ¿Vamos a terminar de una buena vez con el viru viru a partir de esta pandemia?


En El País de Madrid un tal Juan Luis Cebrián escribe: “Por mucho que griten los populistas es la hora de los filósofos”. A los pocos días, un tal Juan Arnau Navarro retoma la idea con matices: “Las preguntas son innumerables. La filosofía tiene el deber de ofrecerlas para que la ciencia las investigue”.




Cuánto placer


Leo varias columnas de opinión escritas por flamantes estrellas de la filosofía. Estoy de malhumor. ¿Es posible escribir tanta pavada reciclada y repetitiva?, pienso. En casa no le hablo a nadie. Al rato, leo a Alain Badiou y me sorprende. Es claro, sensato, coherente. Estoy listo para poner música y bailar mientras cocino.


Lo analizo un poco: Badiou me dio lo que quería, lo que ya pensaba desde antes. Leer es masturbarse.


Cómo no recordar a Baruch Spinoza: “No intentamos, queremos, apetecemos ni deseamos algo porque lo juzguemos bueno, sino que, al contrario, juzgamos que algo es bueno porque lo intentamos, queremos, apetecemos y deseamos”.

Pero no estoy tan convencido. Tiendo a creer que cuando leer es masturbarse leer no es leer. Acá falta hermenéutica, faltan criterios para que la interpretación del texto aflore y sustituya mi proyección de deseos sobre las letras.


¿Qué es lo que le estoy pidiendo a la filosofía en estos días? ¿Qué estoy deseando de ella? ¿A la filosofía le voy a pedir certezas? Para algunxs, resulta de salón que filosofía y utilidad se oponen. Pedirle que sirva es pedirle que sea otra cosa. Otrxs señalan que la filosofía se realiza en los problemas, las dudas, las preguntas. La filosofía aborda las preguntas que no tienen respuesta, las que la ciencia no puede responder, dijo alguien en una clase.


¿Se puede pedir una pregunta de ese tipo, solicitarla, desearla?


Agarro libros al azar en mi biblioteca. Encuentro de casualidad esta cita adjudicada a Antonio Tabucchi: “No me deje solo entre personas llenas de certezas porque es terrible”.




__arreglos_en_general__micro intervenciones en/de la vida cotidiana




¿Cómo reflexiona el cuerpo confinado?

Uno de los debates que hay en este momento es saber si esta pandemia es parte de lo mismo o si es otra cosa. Si es semejante a lo que hemos visto, o diferente. Si hay una profundización, un cambio gradual, o un cambio de tipo.


¿Pueden coexistir continuidad y cambio, mezclarse de forma inimaginable? ¿Pueden venir tiempos de ecologismo capitalista o de comunismo de control? Paul Preciado, por ejemplo, habla de la expansión total del teletrabajo, una profundización de la política farmacopornográfica, pero también de un tipo de sujeto nuevo que “no tiene piel, es intocable, no tiene manos. No intercambia bienes físicos, ni toca monedas, paga con tarjeta de crédito. No tiene labios, no tiene lengua. No habla en directo, deja un mensaje de voz. No se reúne ni se colectiviza. Es radicalmente individuo. No tiene rostro, tiene máscara”.


El problema se retuerce cuando los que creemos y sentimos que esto es algo diferente, algo realmente inaudito, tratamos de abordarlo con nuestra caja conceptual ya existente. Una de las cosas que más me molesta de lo que han estado escribiendo varixs filósofxs es que usan las teorías que ya habían elaborado pensando otros sucesos y circunstancias. Parecen pensar en piloto automático. Son previsibles, digamos, aunque unos ven cambio y otros continuidad. Agamben va a hablar del estado de excepción del que ya hablaba, María Galindo de la desobediencia civil que ya promovía, Preciado del mundo farmacopornográfico que ya había descrito antes, Slavoj Žižek va a pronosticar el fin del capitalismo que ya pronosticaba, and so on and so on.


Mi enojo es injusto e infantil, claro. Cualquiera puede escribir lo que quiera, primero. Y segundo: ¿no es lo más natural del mundo interpretar un suceso, cualquiera sea, con lo que se tiene para interpretarlo? ¿No estaba yo pidiendo algo nuevo antes de este encierro?


Patricia Manrique escribe sobre este asunto de forma precisa: “Pensar filosóficamente un evento como el que estamos viviendo, requiere, en primer lugar, tiempo. Tiempo para dejar que la potencial novedad de lo que está sucediendo pueda hacerse hueco en nuestra mirada maleada, para darle la oportunidad de ser a la nueva coyuntura: si corremos demasiado, podemos acabar dándole a todo lo que llega la fisionomía de lo anterior o podemos considerar acontecimiento, nacimiento de algo nuevo, a hechos sobredimensionados por diversas razones”. Luego, sentencia: “Lo que se hace, con las prisas, a menudo, es reducir la otredad a la mismidad: confinarla en los parámetros habituales de lo propio, en la órbita del yo, de lo conocido”.


Evidentemente, yo le estoy pidiendo a la filosofía algo nuevo. ¿Cómo puede ser posible que la primera crisis absolutamente global, con un único centro sobre el que toda reflexión y política está circulando, produzca los mismos pensamientos? ¿Cómo puede ser que el cuerpo confinado reflexione igual que el cuerpo que podía moverse?

Me pregunto si acaso sería capaz de reconocer conceptos nuevos, si estos emergieran.


Sopa instantánea de preguntas


Si uno toma como modelo la antología Sopa de Wuhan, puede extraer varias preguntas:


¿Por qué los medios de comunicación y las autoridades se esfuerzan por difundir un clima de pánico, provocando un verdadero estado de excepción? (Agamben)

¿Solo estaremos seguros en la realidad virtual? (Žižek)

¿Estamos atravesando un nuevo umbral en el proceso de mutación tecnopsicótica? (Bifo)

¿Cuáles son las consecuencias de esta pandemia al pensar en la igualdad, la interdependencia global y nuestras obligaciones mutuas? (Judith Butler)

¿Por qué el mundo reacciona con un pánico tan desmesurado a un virus? (Han)

¿Qué pasa si decidimos preparar nuestros cuerpos para el contagio? (Galindo)

¿No será tiempo, para que haya algún tiempo posible, de la invención de otras relaciones con lo vivo? (Gustavo Yañez González)

¿Quién/qué viene? ¿Cómo respondo? ¿Qué es venir y qué es responder? (Manrique)


La amplia mayoría de las preguntas que estxs filósofxs han planteado son retóricas. Están ahí con una finalidad discursiva. Las preguntas no van a quedar abiertas como en los diálogos del joven Platón; acá las preguntas tienen respuestas. Si uno piensa en los filósofos clásicos parecería que todas sus publicaciones proponen responder a un problema, no a dejarlo abierto. Responden, y luego aparece otro filósofo a señalar que la respuesta era equivocada o incompleta, o que el problema estaba mal planteado. Se lo indica Aristóteles a Platón, Kant a Hume, Hegel a Kant, Marx a Hegel, Nietzsche a todos. Las imágenes de la filosofía, como las de la ciencia, no coinciden con los devenires de esas disciplinas.


Entre las lecturas que fui encontrando en estas semanas particulares, en este impulso de agarrar libros al azar, hay solo una que me resultó inaudita o excepcional. En la introducción a un libro de Arthur Schopenhauer, titulado El arte de vivir bien, el filósofo alemán indica que él ya ha demostrado en su obra magna que ese estudio llamado eudemonología (“arte de hacer la vida lo más agradable y feliz posible”) se basa en un error, y resulta, por lo tanto, equivocado. A pesar de eso, y he aquí el gesto magnífico, Schopenhauer se dispone a introducirse en esa reflexión renunciando a su propia filosofía. “Para poder tratar la cuestión, he decidido apartarme por completo del punto de vista elevado, metafísico y moral a que conduce mi verdadera filosofía. Todos los asuntos que siguen están fundados, en cierto modo, en una acomodación, en el sentido de que se examinan desde el punto de vista habitual y empírico y conservan aquel error”.


Creo que lo que le estoy pidiendo a la filosofía, y a mí mismo, es repetir ese gesto.

Streaming filosófico

En este momento, estamos ante una proliferación de publicaciones de filósofxs. Sopa de Wuhan podría tener tantos volúmenes como meses de confinamiento. De hecho, hay ya un segundo volumen argentino titulado La fiebre y desde Uruguay apareció Extramuros. Lxs filósofxs están pensando en directo, casi que haciendo un instagram live de la Razón Filosófica. Lo que más circula son textos que cruzan filosofía y política. Lo que falta a mí me falta es la reflexión de lxs filósofxs de la ciencia. Estos días me he preguntado qué estarán pensando gente como Donna Haraway (“la filósofa que mejor anticipó el apocalipsis viral en curso”, según Bifo), Bruno Latour, Ian Hacking y, si su llamado al silencio, será sintomático de algo.

En Anfibia una nota critica a Žižek por predecir el fin del capitalismo, a Byung-Chul Han por predecir individualismo y sociedad de control y a Agamben por anunciar estados de excepción totalitarios. El texto apela a esta cita de Lao Tzu: “Quienes tienen conocimiento, no predicen. Quienes predicen, no tienen conocimiento”.


Roberto Espósito escribió un texto en el que considera que hablar “de riesgo para la democracia, me parecería al menos exagerado” y que “es necesario no perder el sentido de la proporción. Me parece que lo que sucede hoy en Italia […] tiene más el carácter de una descomposición de los poderes públicos que el de un dramático control totalitario”.


Quizás Agamben y Han, con quienes dialoga, en su crítica al miedo desproporcionado de la población y los medios estén expresando ellos mismos un miedo desproporcionado, pero al Estado.

Agamben y Jean Luc Nancy leen y valoran las mismas fuentes científicas y, sin embargo, leen distinto. El primero ve cifras semejantes a las de una gripe, por lo que las medidas son desproporcionadas y la pandemia un invento deliberado. Nancy ve una letalidad comparada de 1 a 30 y la diferencia, además, es que para la gripe hay vacuna.

Agamben siempre me pareció un gran lector, aunque quizás no lo sea durante los estados de excepción. Vaya paradoja. Un mandamiento de estos días podría ser: “No juzgarás a las personas por sus opiniones durante las crisis”. Quizás los tiempos desesperados produzcan reflexiones desesperadas, reflexiones que no escapan a los miedos y los deseos (si es que hay algún tiempo en que eso sea posible). En fin. Nancy le recuerda que él, Agamben, fue uno de los que le recomendó, hace varias décadas, no someterse a un trasplante cardíaco. Como no le hizo caso, vive.


Me pregunto por qué circula más la opinión apocalíptica de Agamben que la moderada de Espósito. Tal vez los contenidos de las narraciones inciden en su circulación. Si pensáramos a la filosofía como un género literario o cinematográfico, nos quedaría claro que la Filosofía Catástrofe tiene más público que la Filosofía Costumbrista.

Ezequiel Gatto se dedica a investigar la cuestión del futuro. Hace poco publicó una nota en la que distingue al pánico del temor y de la incertidumbre, subvirtiendo una especie de sentido común. El pánico, señala, acontece en relación a ciertos saberes que vamos incorporando vinculados a un porvenir. Por ejemplo, saber que algo nos puede matar. Entonces, el pánico ocurre no por incertidumbre, sino por no poder quitarnos de encima una cierta idea. Así: “La incertidumbre puede ser un vector de posibilidades que, hasta el momento, ni siquiera entraban en los cálculos”. Como todxs somos iguales ante esta incertidumbre, dice Gatto, puede haber en ella un valor democrático.







Cartografía de la filosofía actual


“Veo el Covid-19”, escribió Rita Segato, “como Ernesto Laclau vio a la figura de Perón en la política argentina: un ‘significante vacío’, al que diversos proyectos políticos le tendieron su red discursiva. También lo veo como un evento que da origen a un ‘efecto Rashomon’, evocando aquí la forma en que en las Ciencias Sociales se ha usado el tema del clásico film de Kurosawa: un mismo crimen relatado desde cuatro perspectivas de interés diferentes”.


Una manera de cartografiar el pensamiento de este momento es dividirlo en lxs que creen que esto no es nuevo y lxs que creen que estamos ante algo diferente, lxs que predicen utopía y lxs que predicen distopía. Rita Segato hace un excelente mapeo y análisis al respecto.


En sintonía con su pensamiento, aunque desde una perspectiva claramente occidental, Bifo señala que quizás lo que haya cambiado es que el humano ya no podrá ser considerado agente de cambio histórico: “El agente de la evolución ya no es el ser humano consciente, agresivo y de voluntad fuerte, sino la materia molecular, los microflujos de criaturas incontrolables que invaden el espacio de producción y el espacio del discurso, reemplazando la historia por la herstoria, la época en que la Razón teleológica es reemplazada por la Sensibilidad y el devenir sensual y caótico”. Es el fin de la Historia, en un sentido muy diferente al anterior Fin de la Historia.




***




Acá les regalo este resumen hecho así nomás de por dónde viene esa batalla por ordenar el desconcierto, como señalaba Segato:



Narraciones de Continuidad


Agamben: Parecería que, habiendo agotado el terrorismo como causa de las medidas excepcionales, la invención de una epidemia puede ofrecer el pretexto ideal para extenderlas más allá de todos los límites.


Byung-Chul Han: Žižek se equivoca. Nada de eso sucederá. China podrá vender ahora su Estado policial digital como un modelo de éxito contra la pandemia. China exhibirá la superioridad de su sistema aun con más orgullo. Y tras la pandemia, el capitalismo continuará aun con más pujanza. Y los turistas seguirán pisoteando el planeta. El virus no puede reemplazar a la razón.


Badiou: Frente a una epidemia, este tipo de reflejo estatal es inevitable. Es por ello que, contrariamente a lo que se dice, las declaraciones de Emmanuel Macron o de Philippe sobre el Estado que de repente se ha convertido en un estado “de bienestar”, un gasto de apoyo a las personas sin trabajo o a los autónomos que cierran su negocio, comprometiendo 100 o 200 millones del dinero del Estado, el anuncio de “nacionalización”, todo ello no tiene nada de asombroso ni de paradójico. Y se deduce que la metáfora de Macron, “estamos en guerra”, es correcta: guerra o epidemia, el Estado es obligado, incluso yendo más allá del juego normal de su naturaleza de clase, a aplicar prácticas tanto más autoritarias como más globales para evitar una catástrofe estratégica.


Preciado: El virus actúa a nuestra imagen y semejanza, no hace más que replicar, materializar, intensificar y extender a toda la población las formas dominantes de gestión biopolítica y necropolítica que ya estaban trabajando sobre el territorio nacional y sus límites. De ahí que cada sociedad pueda definirse por la epidemia que la amenaza y por el modo de organizarse frente a ella.Esther Díaz: Nunca, en la historia de la humanidad, se habían clausurado las fronteras del mundo. Nunca había habido una cuarentena planetaria. Esto representa un cambio de paradigma. Un acontecimiento global irreversible. Un antes y un después que lo está transformando todo. ¿Se cumplirá el sueño nietzscheano de la transmutación de todos los valores?


Narraciones de Cambio Žižek: Otro virus ideológico, y mucho más beneficioso, se propagará y con suerte nos infectará: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del Estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación globales.


Bifo: Lo imprevisto que hemos estado esperando: la implosión. El organismo sobreexcitado del género humano, después de décadas de aceleración y de frenesí, después de algunos meses de convulsiones sin perspectivas, encerrado en un túnel lleno de rabia, de gritos y de humo, finalmente se ve afectado por el colapso: se difunde una gerontomaquia que mata principalmente a los octogenarios, pero bloquea, pieza por pieza, la máquina global de la excitación, del frenesí, del crecimiento, de la economía.


Gabriel Markus: En un acto de solidaridad, antes insospechado en Europa, estamos protegiendo a nuestros enfermos y a nuestros mayores. Por eso, metemos a los niños en casa, cerramos los centros de enseñanza y declaramos el estado de excepción sanitaria. Por eso, se invierten miles de millones de euros para volver a reactivar la economía.


Ni uno ni otro


Sandino Núñez: La pregunta de a dónde va a ir el mundo después de la tormenta del Covid-19 (a la barbarie, a un tecnocapitalismo autoritario y vertical, o de control y contabilidad y lleno de coartadas sanitaristas, incluso al comunismo, en fin) y toda la lógica de predicciones, de racionalidad de cálculo o anticipación, de intervenciones proféticas que la respuesta pone en funcionamiento, es una especie de facilismo. De lo que se trata es de entender que algo se quebró, y que quizás es el propio “ir el mundo hacia alguna parte” lo que podría hoy llegar a aparecer como un misterio, como algo opaco. Esa es la brecha o la grieta en lo sólido en la que habría que poner una cuña para comenzar a golpear. Y eso es del orden del deseo social y no de la anticipación tecnológica de lo posible: una novedad tan radical que no podemos decir nada sobre ella.







La nota recitada por Jorgito:





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