La serie completa de "Los restos del naufragio" fue recientemente compilada en una hermosa edición de Pez en el Hielo, que será presentada el 15 de agosto en el Museo Zorrilla.

 

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Sobre un fragmento de “Nocturno” de Delmira Agustini (Los cálices vacíos, 1913)
 

La palabra poética en medio del primer verso lo hace instantáneamente espécimen. Se mira casi de lejos y uno piensa en las cosas viejas, en una cortina suntuosa, en un biombo trabajado que oculta algo que claramente está del otro lado, que se muestra apenas sugiriéndose. "En veste de tragedia" —"Robe de délire", dirá Supervielle— está la noche fisgona, que llama en la imagen a la poeta en su pose delicada, envuelta en telas, en un espacio abarrotado pero a la vez suave, sensual. Ese cuarto, que se imagina perfectamente (una habitación mucho más corpórea, mucho más cercana, una habitación de mujer joven, ligeramente adulta, ligeramente Nena), se duplica transmutado como por la alquimia de la palabra (piedra filosofal o piedra de la locura). Más adelante, en el verso de tres sílabas, dos puntos, puntos suspensivos, queda abierta a esa noche la espacialidad, la contundencia de la cama, el dosel, las enaguas, el fin de siècle. Y ahí se representa una situación delicada y ambigua, de ensoñación y de realidad en iguales porciones: la transformación del calor, que hace las cosas relucir con rara opulencia —el Modernismo—, pero que está igualmente ahí, presente tras esa gruta (dentro de las pieles de ese hueco en la montaña está la habitación sencilla, burguesa, de la niña Agustini en Montevideo, ese musgo suave que tapiza el mundo y ese corazón que palpita en la casa familiar, o donde la amante se entrega y busca, porque la amante es el sujeto que enuncia con vehemente consistencia ahí donde toma la palabra). "Está en blanco es blanco y vaporoso", un arrebol de tules y de sutilezas, aquello que es y no es, inocencia y vicio simultáneamente, flor y espuma de las bocas de las fieras. Y entonces, ¿cómo se abre esa "rosa de sol"? Una rosa negada abierta en la faz de la noche. ¿Qué es esa noche clara y negra que desencadena una vigilia transida, voluntaria acaso, del desparramo? La inmediatez de los versos ("Esta noche hace insomnio") traen el peso del tiempo que no hay quien levante, de la poesía que no hay quien domine.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuera, la noche en veste de tragedia solloza
Como una enorme viuda pegada a mis cristales.


Mi cuarto:…
Por un bello milagro de la luz y del fuego
Mi cuarto es una gruta de oro y gemas raras:
Tiene un musgo tan suave, tan hondo de tapices,
Y es tan vívida y cálida, tan dulce que me creo
Dentro de un corazón…

Mi lecho que está en blanco es blanco y vaporoso
Como flor de inocencia,
Como espuma de vicio!
Esta noche hace insomnio;
Hay noches negras, negras, que llevan en la frente
Una rosa de sol…
En estas noches negras y claras no se duerme.

La nota recitada por Francisco:

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