Primero, disco debut de Mena

28.03.2018

 

Recién estamos terminando marzo y es muy temprano para afirmarlo, pero pienso que Primero, el disco debut de Mena (editado en febrero por el sello Feel de Agua1), será uno de los más interesantes del año. De lo que sí estoy seguro es de que será uno de los más difíciles de escuchar para buena parte del público.

 

Primero se grabó en el estudio Yacaré durante algunas noches de 2017. Mena tocó y cantó en vivo, y Fabrizio Rossi diseñó el sonido, ecualizó y grabó. La idea siempre fue sacar un disco crudo, vieja escuela, con un sonido real. Mena llevó al estudio varios temas, y en una primera instancia seleccionaron 15 de ellos, pero sobre el final se quedaron con 11: cortaron ideas y recursos que se repetían, y lograron un trabajo compacto, de unos 23 minutos de duración. El estilo del disco pedía algo así.

 

—Es un trabajo difícil para alguien que no está en ese lenguaje medio crudo —dice Fabrizio—, porque te mete el dedo en la yaga, con las desafinaciones, con las letras... nos gustó entonces que fuera un disco concentrado.

 

La instrumentación es simple; aparte de unas muy puntuales sobregrabaciones de pandereta, bombo y flauta, se escuchan solamente dos instrumentos: el bajo eléctrico y el cuatro venezolano.

 

—Está bueno porque son dos instrumentos de cuatro cuerdas —dice Mena—. Son como el ying y el yang: cuatro cuerdas, pero bien bajas o bien agudas, los extremos.

 

***

 

El disco abre con dos temas muy breves: “La niña” y “Tan argentino”. En ambos Mena se acompaña únicamente con el bajo. Cuando la voz entra por primera vez, el oyente queda tempranamente descolocado: “Maldita, maldita, maldita niña, que no quiere morirse...”.

 

—Con “La niña” estaba pensando en la niña interior —explica Mena—, pero en el lado oscuro de la niña interior, el que te hace volver a los miedos (todos me miran, nadie me va a querer). En mi caso, es un miedo a lo social, que lo asocio a algo doloroso, a algo que arrastro desde chica. Porque hay que saber romper con esos miedos que son re perversos; “maldita niña que no me deja crecer” es el lado oscuro de la niña interior.

 

En “Tan argentino” Mena se pregunta, con una voz que muestra tanto desconcierto que hace pensar que todo está ocurriendo ahora mismo, “¿y este por qué me dice mami?”.

 

—Ese tema salió de un viaje que hice a Mendoza para participar en un taller de Guitar Craft2. Antes de ir me quedé unos días en Buenos Aires, y había uno en el hospedaje que me decía mami, mami, todo mami pa aquí y pa allá... ¿y este? Después me di cuenta de que muchos hablaban así: mami y papi para todos lados. En la convivencia con los argentinos siempre sentís eso: en parte sos lo mismo, pero también diferente, como parecido pero distinto.

 

En “Chico” el registro cambia completamente. Es un tema instrumental en el que se presenta el otro sonido dominante del disco: el cuatro venezolano, un instrumento pequeño, de cuerda pulsada, con una afinación particular y un timbre muy distintivo.

 

Mena es uruguaya, pero nació en Venezuela. Sus padres —ambos uruguayos— se conocieron en Maracaibo y vivieron luego en Caracas hasta que la niña cumplió cinco años. Dos décadas después, Mena viajó junto a su pareja por todo Sudamérica y regresó a Venezuela.

 

—El cuatro lo compré en Caracas cuando estábamos de viaje. También compré un librito instructivo que te señalaba posiciones y acordes, y te indicaba los rasguidos con flechitas. Tenía algunos temas venezolanos, bien antiguos. Hay varios de ellos que los he tocado en vivo. Hay uno que dice: “Yo no canto porque sé, ni porque mi voz sea buena”3. Pero nunca escuché el tema original. Hago lo que me parece de acuerdo a las posiciones que leí en el librito, pero después el tiempo o la intención del tema original seguro que no tienen nada que ver con la versión que yo hago.

 

La relación de Mena con este instrumento es muy personal y su aprendizaje bastante autodidacta, a pesar de que tomó algunas clases en la embajada de Venezuela en Montevideo.

 

La instrumentación es simple;

aparte de unas sobregrabaciones

de pandereta, bombo y flauta,

se escuchan dos instrumentos:

el bajo eléctrico y el cuatro venezolano

 

 

—Yo llevé el cuatro y el profesor me tiró unos piques. Siempre me corregía. Él me explicaba un tema, yo me lo llevaba para practicar y cuando lo traía me decía: “No, no, lo estás haciendo como rioplatense”. Lo acentuaba en otro lado. Nunca terminé de entender bien. No sé. Todos estos temas en el cuatro los hago instintivamente, muy como me salen a mí, no tiene nada que ver con cómo se tocarían venezolanamante. Soy una uruguaya tocando un instrumento venezolano. No es música venezolana.

 

Pero no solo la manera de tocar el cuatro es muy personal sino también el sonido de su instrumento en particular.

 

—El cuatro que tiene ella miente un poco, no está calibrado del todo —explica Fabrizio—. Lo estuvimos estudiando y lo afinamos con un acorde puesto. Ella tocaba un acorde y yo movía las clavijas para que en ese acorde afinara. En algún tema Mena hace unos movimientos súper disonantes y está como todo complicado, y en un momento cae a un acorde que afina. Nos gustó ese recurso: está un rato desafinado y cuando te querés acordar cae a un acorde que está re afinado. Un recurso medio raro que inventamos para sacarle jugo. El cuatro es un instrumento peleador, es difícil que afine en todas las posiciones, tiene que ser uno muy bueno. Si bien el de Mena es un buen instrumento, venezolano, está re paleado, tiene mucha ruta arriba.

 

Mena coincide:

 

—De hecho cuando lo compré era de los más baratos. O sea: es guerrero. Yo después le cambié el lustre, porque tenía uno bien baraja, con un barniz por arriba; eso traté de mejorarlo.

 

“Chico” da paso a “El psicópata”, una canción que lo tiene todo para ser un hit (y que debería serlo en un país de gente criteriosa): una bella melodía, un mensaje directo y claro, un sonido original, y el don de la temporalidad.

 

Si bien Mena compuso “El psicópata” hace cuatro o cinco años, el tema aparece editado en un momento muy oportuno. La letra trata de una mujer que es acosada por un hombre, que se pone pesado, que “la agarra y la aprieta, y no quiere escuchar”; es una mujer diciéndole en la cara a un tipo: “Bo, flaco, no ves que no da / dale, hermano, me estás molestando / por qué no te fijas si me hacés mal / debería importarte también lo que quiero / ¿podrás escuchar cuando es no?”.

 

—Está bueno que las mujeres empecemos a hablar —dice Mena—. Ta, flaco, no me gusta, no me jodas. Tenemos que empezar a reaccionar en el momento. ¿Qué es lo que nos pasa, como mujeres, que nos hace callar la boca cuando nos están haciendo algo que no nos gusta? Yo sé que es difícil. Cada una lo hace como puede, pero creo que podríamos lograr un cambio mucho más real y profundo diciendo las cosas en la cara. Si todas las mujeres empezáramos a hablar en esos términos, “mirá, a mí no me gusta esto ni esto ni esto”, estoy segura de que muchos hombres se darían cuenta. O si no pudiste reaccionar en el momento por las circunstancias, decírselo después. “¿Te acordás lo que pasó tal día? Bueno, a mí no me gustó, me sentí mal, nunca más lo voy a permitir”.

 

El siguiente tema, “Poema de amor real”, tiene una letra bellísima —cantada sobre una melodía de bajo— que contrasta con el clima violento del anterior: “Vos sos tan bello, perdón si te aburro / creo que pretendía que vos me salves / que me hagas feliz y que me arregles la vida / no quiero que vos te ocupes de eso / Vos sos tan bello, perdón si me aburro / creo que pretendía que me entretengas / que me hagas feliz y soluciones mi vida / tal vez yo pueda encargarme de eso”.

 

Luego aparece “Canción china”, otro tema instrumental con el cuatro, en el que vuelve a apreciarse ese sonido tan particular del instrumento de Mena, así como las disonancias y los recursos de afinación que mencionaba Fabrizio.

 

Los tres temas siguientes forman el núcleo más (auto)crítico del disco: “Cada vez”, “La manada” y “Cabalgata persecutiva”.

 

“Cada vez” es un intento por liberarse de determinados condicionamientos sociales, por sacudirse algunos conceptos, y olvidar lo que le han enseñado.

 

—Cuando digo “no es tan difícil librarse de ti”, me estoy refiriendo a la herencia familiar, a la plata, al deber. En la época en que compuse el tema yo vivía en una casa en la que estaba por fuera de todo eso, no manejaba plata; pero entonces me di cuenta que de ahí a ser libre de mí misma hay una gran distancia, cuando te liberás de todo eso que viene de afuera, ahí te das cuenta de que tenés todo lo de adentro, y decís: ah, bueno... Lo de afuera es totalmente secundario.

 

Es en “La manada”, una canción apuntalada por un bajo insistente, gritos y desafinaciones espontáneas, donde se ve el costado más punky del disco. “Lo que tiene la manada: no te cambia el disco”, canta Mena. Y no se refiere a una manada en particular, que podríamos asociar a un sector tradicional o conservador de la sociedad, sino a cualquier grupo humano que actúe por mímesis: “Esas cabezas ya imantadas empiezan a largar un óxido”.

 

—Todos tenemos el deseo de formar parte de la manada —reconoce Mena—, de sentir ese calor. Pero está bien separarse un poco también. A veces te das cuenta de que la gente habla sobre lo que todos quieren escuchar; vas a un lugar y sabés más o menos de lo que van a hablar y que nadie se va a salir de los límites. A mí me encanta cuando alguien tiene un perfil determinado y de repente le conocés una faceta que nada que ver; alguien que muestra un lado todo roto, todo destroyed, y a su vez cultiva un lado todo ordenado. O que en un momento alguien pueda decir: esto me sirvió para desarrollar un aspecto de mi personalidad, y luego dejarlo ir, o que tome algunas cosas y que investigue por otros lados. Eso es lo que te hace una persona única, no una caricatura, una persona que te cambie el disco.

 

“Cabalgata persecutiva” es el tema más largo de Primero; tiene una extensa introducción en la que se genera un clima muy cargado gracias al sonido del cuatro, de un bombo muy chiquito, casi como un latido, que llena algunos graves, y de unas flautas que refuerzan esas vibraciones tan sutiles que genera el cuatro.

 

—Los temas con el cuatro ya de por sí me quedan más cargados, porque me sale tocarlo de una forma medio neurótica, me saca mi lado más nervioso. Pero en realidad la música venezolana no es tan así, es un poco más pausada. Debería escuchar más música de cuatro. He escuchado muy poco en realidad. Ahora tengo ganas de escucharla, para ver cómo suena de verdad, a ver si suena siempre así, o es el cuatro este que yo tengo...

 

De hecho, Mena escucha muy poca música. Y algo de eso se nota al pensar en sus influencias; uno de sus temas me recuerda a Violeta Parra, otro a Luis Trochón, para el resto no sabría qué decir.

 

—Lo que verdaderamente me gusta es cuando escucho a una persona y siento que está tocando algo que le sale de adentro. Más que nada tengo influencia de la gente con la que toco. Valoro mucho lo que te sale de las entrañas. Pero en tus entrañas mismo... hay un montón de gente metida en tus entrañas.

 

En “Circo” cuestiona a las personas que hablan demasiado y no concretan nada, pero sobre el final da vuelta la crítica y se mira a sí misma: “¿Y si son mis ideas las que están estancadas y no les puedo dar vida?”.

 

 

“Más que nada tengo

influencia de la gente

con la que toco.

Valoro mucho lo que te sale

de las entrañas”

 

 

“La verdadera edad”, el tema que cierra el disco, dialoga con “La niña”, el que lo abre. Son dos visiones distintas de la infancia, pero que se resuelven en una misma idea. Mientras la niña del primer tema no quiere morirse y no la deja crecer, el niño del último tiene una seguridad y una paciencia que no son propias de su edad, y parece como si se le escaparan los siglos cada vez que ríe; pero cuando entre en la etapa de los primeros caprichos: “adiós a su claridad”.

 

 

Lo próximo que sabremos de Mena —además, esperemos, de la presentación en vivo de Primero— vendrá en forma de Música para viajes interdepartamentales. Esta es una de las líneas de trabajo por las que está transitando el sello Feel de Agua. Ya se han editado dos volúmenes, uno de Fabrizio Rossi y otro de Francisco Trujillo. Son discos de música no urbana, acústicos, que tiran más a lo folclórico que a lo rockero.

 

—Los discos de la música interdepartamental son una serie, una colección —explica Fabrizio—. Tienen algunos dogmas, como grabar en cinta, por ejemplo. La idea es completar siete horas y media de música para cubrir el viaje más largo que se puede hacer por ruta en Uruguay: de Montevideo a Bella Unión. Queremos invitar a varios autores para sacar discos y cubrir esos minutos. Mena ya está componiendo para grabar un disco interdepartamental.

 

***

 

La carátula de Primero es un dibujo de Mena: tres caras que comparten ojos, o una cara en movimiento. Mena siempre dibujó, desde niña. Mientras estuvo de viaje empezó a crear historietas para mantenerse4; ahí se puso a dibujar en serio, muchas horas por día. Más tarde, cuando volvió sobre aquellas primeras historietas y notó cómo le había cambiado el lenguaje, solamente por horas de repetición, sintió nostalgia.

 

—Nostalgia de saber que nunca más voy a dibujar así, con esa simpleza de pocos trazos, con menos recursos. Y con la música lo siento parecido, los trazos simples de los primeros temas tienen una cosa tan linda y tan bruta que a medida que pasa el tiempo se pierde.

 

Y tan lindo y tan bruto es Primero, este disco debut de Mena que hace lo que quiere, que es intuitivo, que parece provenir solamente de sí mismo. Decía al principio que quienes no estén acostumbrados a un sonido tan crudo, al uso voluntario de desafinaciones y disonancias, al toque poco convencional de un instrumento extraño, posiblemente abandonarán la escucha. La manada cambiará el disco y se lo perderá. Porque vale mucho la pena escuchar repetidas veces y con atención este trabajo que en apenas 23 minutos se las arregla para dar una visión tremendamente personal sobre los miedos de la infancia, la dinámica de los grupos, el acoso a las mujeres, las relaciones de pareja, el individualismo, que parece ser un constante ejercicio de autosuperación, que es crítico pero nunca soberbio, que está tan lejos del virtuosismo como de los clichés, y sobre el que sobrevuela una sabiduría que parece ser innata.

 

 

Bandcamp de Mena
Web del sello Feel de Agua

 

Notas

1 Feel de Agua surgió en 2008 para editar los discos de los proyectos en los que participaba Fabrizio Rossi: Solar, Mux, el Duo Melódico. Desde entonces, el sello ha editado a artistas como Hey Ladies!, Martín Barea Mattos, Uoh!, Alessandro Podestá, Florida, Abdul, Genuflexos, Tangente, Pancho, Lucas Meyer, Pacientes, Santo Dubois, Chino, Strudl Von Disphonic Orchestra, Cielos de Plomo, Portillo, Señor Faraón, Oneill, Ismael Varela, Carmen Sandiego, Patricia Turnes, Rocoto, Francisco Trujillo, Diego Cotelo.

 

2 Los cursos o talleres de Guitar Craft fueron creados por el guitarrista inglés Robert Fripp (muy reconocido por ser miembro fundamental de King Crimson). Plantean el uso de afinaciones alternativas y técnicas especiales para el toque de guitarra, además de una intención de desarrollo personal a través del instrumento.

 

3 “Los caujaritos”, de Ignacio Indio Figueredo y Orlando Cholo Valderrama.

 

4 Los dibujos que acompañan esta nota pertenecen a la historieta Alfonso Molina. Viajero intergaláctico.

 

 La nota recitada por Gonzalo:

 

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