Habitar el silencio

 

Nos encanta el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV de ahora en más); es mejor empezar así, con honestidad. Por eso lo elegimos como anfitrión para empezar este viaje, junto con la muestra de Gerardo Goldwasser, inaugurada a comienzos de marzo.

 

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En la exhibición Vaivén el silencio es protagonista. Podemos apenas distinguir colores y materiales. Son escasos, la austeridad la habita. La curaduría de Alicia Haber nos recibe, nos da la información justa y necesaria, y nos invita a seguir en soledad. Podemos encontrar un ejército fragmentado marchando, una prueba de vestuario, un ducto y una escalera que vienen o se dirigen a lugares desconocidos. Descubrimos también un gran círculo delimitando un espacio que no invita a transgredir, acatamos un límite implícito, porque sí.
 

Ahora sabemos del pasado de Goldwasser abuelo, cómo pudo sobrevivir gracias a su oficio de sastre, oficio que llevó a cabo su padre y con el que carga el artista. La exhibición no se torna sombría, aparece como un homenaje, un testimonio de supervivencia. Pero siempre sobrio y mesurado en sus formas, en las que se palpa un discurso en contra de la saturación visual.

 

El tiempo de desarrollo de las obras abarca casi 20 años, en los que se denotan las diferentes aproximaciones al material, recortes de moldes en fieltro, marcado de papel, fotografía. La investigación es extensa pero la temática se mantiene, y se comparte, ya que podría afirmarse que, gracias al oficio de su abuelo, hoy el artista crea, y vive.

Encontrarse con salas vacías le quita vida a la experiencia del arte en un museo. Pero entendiendo un poco la dinámica de lo que está sucediendo, es sinónimo de “work in progress”; hay movimientos un tanto invisibles a la mirada de los visitantes, pues solamente hay algunas paredes blancas y letras despintadas en medio de una colección de artistas nacionales protagonista en estos momentos de montaje.

 

El tiempo transcurre lento, se oyen pasos y ecos en medio de una atmósfera soñolienta que se aliviana con bocanadas frías del aire acondicionado.

 

La inauguración es en el primer nivel, el ascensor vidriado luce tentador en una jornada un tanto pesada, pero subir la escalera obliga a poner en marcha el cuerpo y las ideas.

 

Las puertas de vidrio delatan una parte del misterio, unos turistas se asoman tímidamente e ingresan. Al intentar hacer lo propio, es inevitable no pararse ante la primera obra y presentación de la muestra: blanco, negro, gris y fragmentos de fieltro predominan, una antesala, una pista más tangible que ayuda a armar ese universo en el que pronto nos adentraremos.

 

Ya en la sala, un respiro, pero el vacío se hace aun mayor como una presencia firme y predominante. El espacio es fundamental aquí, necesario para hacer el recorrido y para contemplar verdaderamente. Fotografías, instalaciones, dibujos y objetos flotan, se entreveran en el gentío que lentamente ingresa. El paso del tiempo delata la verdadera faceta de una inauguración; lo social, el abrazo, la felicitación, los niños corriendo, el encuentro y la charla se imponen ante el hecho artístico que pasa a un plano secundario como una escenografía.

 

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La obra de Goldwasser habita en el silencio, en la reflexión de un pasado que acarrea consigo, que se ha transformado y que ha renacido con cada creación. Es importante hacer visible ese relato que trae a la superficie las vivencias de la guerra, el nazismo y la forma que encontró su abuelo para sobrevivir en un campo de concentración en Buchenwald.

 

Esta es su primera muestra en solitario en el MNAV, con obras de 1999 y otras más recientes, en las que el oficio de sus antepasados es el lenguaje que retoma una y otra vez. Un “vaivén”, un ir y venir, un ir a la raíz, un pasaje por la historia y las conexiones que hacen a esta exhibición y otras que forman parte de su identidad como artista. La línea, la rigidez, la repetición, una presencia humana desconocida y fragmentada hacen el recorrido histórico sobre un pasado oscuro que marcó su vida, que le dio sustento artístico y un apego emotivo imborrable.

 ¿Recomendamos este recorrido? Sí, significa adentrarse en un mundo personal, en la historia, en la reflexión de cómo se procesa el pasado cuando involucra los lazos familiares. En una primera impresión, el artista hace a un lado esa posible lectura, y se acerca más a la abstracción hasta con cierta frialdad.

 

Pero esta tarde se percibe una cercana calidez, nada muy edulcorado, simplemente el encuentro visiblemente familiar que llena los espacios de esta muestra. Este ambiente contradice el elemento fundamental de la obra del artista: el silencio, tan necesario para comprender esta atmósfera.

 

Sin dudas, la mejor forma de hacer este recorrido es sin tanto público en sala y sobre todo con tiempo para muchas, muchas preguntas.

Tips para visitantes
Vaivén

*La muestra de Goldwasser permanecerá abierta hasta el 23 de abril en la Sala 5 del MNAV.


*Ir con tiempo y calma, disfrutar del placer poco frecuente de la austeridad visual y el silencio.


*El catálogo de la exhibición está en venta en la tienda del museo y se puede descargar en forma gratuita en la web.


MNAV

*Visitar la exhibición permanente; nunca está demás pasar a saludar a la Carlota.

*Recomendación de la tienda: el catálogo Centenario del MNAV. Yapa: afiches de las exhibiciones temporales.

*Participar en las visitas guiadas. Los horarios se comparten en la página de Facebook.

*Aprovechar las actividades que ofrece el museo (cursos, conferencias), siempre novedosas e interesantes, también compartidas en la web y en Facebook.

*Pasear por el jardín
 

Sobre Gerardo Goldwasser 

Artista nacido en Montevideo, en 1961. Se destacó en el taller de Nelson Ramos (Centro de Expresión Artística). Participó en otros ámbitos formativos referidos a la elaboración de papel y al grabado en metal. Es diseñador gráfico y docente de la Licenciatura en Comunicación Visual de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (Universidad de la República).

 

Ha realizado varias residencias artísticas internacionales y ha sido galardonado con el primer premio del Salón Nacional de Artes Visuales (2002 y 2003). Representó a Uruguay en bienales de artes visuales y participó en diversas ferias de galerías de arte.

 

Desde 1985 ha expuesto individual y colectivamente en Uruguay, Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador, Panamá, Estados Unidos, España y Francia.

 

Sobre el MNAV


El MNAV abre sus puertas en 1911, como Museo de Bellas Artes, parte de un ala del Teatro Solís, para luego tener su propia sede en un pabellón de una Exposición de Higiene creada a fines del siglo XIX. Hay registros de la histórica lucha del museo contra los problemas de precariedad del edificio y de conservación de las obras, solventados con varias reformas, la mayoría por 1960.

 

El acervo del MNAV comenzó con 234 piezas y en algo más de 100 años se ha convertido en 6.400 piezas, entre ellas de grandes maestros del arte nacional, como Juan Manuel Blanes, Rafael Barradas, José Cúneo, Petrona Viera, Carlos Sáez, Joaquín Torres García, María Freire, Pedro Figari, conformando hoy la colección más importante y representativa del patrimonio artístico de Uruguay.

 

El museo cuenta con un gran edificio y un hermoso parque ubicado en la avenida Tomás Giribaldi 2283, en pleno Parque Rodó, en Montevideo. Más allá de la ventaja de su iluminación (ambiente y localizada), la amplitud de sus salas, el aire acondicionado y la versatilidad que brindan los paneles de yeso a la hora de montar exposiciones, cuenta con una variedad de servicios: biblioteca especializada, salón de conferencias, el viejo y querido guardabultos, un servicio de monitoreo de sala, una tienda, personal muy amable y, a destacar (no es frecuente, lamentablemente, en los museos uruguayos), un sistema de accesibilidad para quienes tienen dificultades motrices o visuales.

 

Lo único que podría llegar a incomodar, esa pequeña espina, es la necesidad, repetimos, necesidad, de que funcione la pecera ubicada en el patio de ingreso, que sería una bellísima y necesaria cafetería para terminar de enamorarnos del lugar.

 

Vale enfatizar el gran impulso que da el MNAV a las exposiciones temporarias, de artistas nacionales y extranjeros, contemporáneos e históricos, de distintos ámbitos y lenguajes.

También podés escuchar esta nota recitada por Fefé y Lucía:

 

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DISEÑO Pía Alive (identidad) | Pía Alive + Maggie Sagarra (web) 

maggie@sotobosque.uy - Montevideo, Uruguay

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