El devenir del mientras tanto

Llovía Buenos Aires después de la película con una madre postiza que yo tengo y a las zancadas trancadas, como en carrera, ¿cómo estuvo Zama?, ¿qué pasó con Zama? Entonces mi criterio se hacía pasta y me pesaba a la salida del Cine Gaumont y en los días, quizás meses, que vinieron después. Multiplicada por la imaginación, prolongada en mil ecos, solo cuando dejé de buscarla, se habilitaron las entradas. Finalmente, en un curso inconsciente, cayó leve y de a pedazos, mas yo agradezco el desconcierto que conlleva a las respuestas que emergen tardas y en silencio. Siempre son más fecundas.
 

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Renata Pinheiro (Brasil, 1970) es cineasta, directora de arte y artista visual desde principios de los 90. Comenzó a trabajar en la dirección de arte de Zama en 2013. Llegó a Montevideo en abril para el festival de Cinemateca, festival al que ella y Sergio Oliveira asistieron como directores invitados por la película Açúcar (Brasil, 2017).
 
Zama (Lucrecia Martel, 2017) se estrenó en Uruguay durante el último Monfic (Festival de Cine de Montevideo) e integró la programación mensual de febrero y marzo en Cinemateca Uruguaya.
 
Esta vez, la poética de Martel emerge distinta, relumbrante y en relación a una obra literaria, la novela homónima de Antonio Di Benedetto publicada en 1956. Un texto tejido con hilos que se desprenden del estado de consciencia de su protagonista y que estrujan las tripas de un mundo exterior situado en el período histórico del Virreinato del Río de la Plata. Esta obra opulenta e intrincada se presenta en materia de narrativa audiovisual como un acertijo febril, porque propone, en un progresivo vaivén, la interacción de una realidad material con las abstracciones de un monólogo interior que arrebata y tensa al tiempo en un equilibrio inestable.

 
Sobre esta base literaria de profusas lenguas y escasas alusiones a lo tangible, Pinheiro y Martel emprendieron arduas investigaciones (y altos vuelos sueltos, también) hacia la escenificación del Virreinato del Río de la Plata, espacio físico temporal que apenas vaga difuso en el imaginario colectivo por tratarse de un territorio descodificado, poco documentado y alegóricamente mezquino.

 


 

  


—Recuerdo que cuando empezamos a trabajar la propuesta inicial de Lucrecia fue la de pensar al pasado como una ficción científica que mira al futuro, donde podíamos tomarnos ciertas libertades en la reconstrucción de época pero siempre dentro de un límite. Ella es muy exigente y le interesaba que la película expresara otra mirada sobre la historia. Una mirada desde el sur, una mirada que se percibiera libre de exponer el sufrimiento de quienes no escribieron la historia, de los indígenas y los negros esclavos, por ejemplo.
 
En esta línea, el arte de Zama prevalece especialmente por su emancipación, por tener el coraje y la soberbia de rivalizar con el imaginario a través del planteo de escenarios desnaturalizados y despojados de simbologías dominantes; así es como, por ejemplo, en un período histórico con una fuerte presencia de la Iglesia católica, se optó por no incluir crucifijos o alusiones religiosas en demasía, con la primordial pretensión de declamar un discurso no adherido al conservador, que rompe mediante el artificio con las expectativas del espectador y abre otros canales de entrega.
 
Como referencias creativas se tomaron algunos elementos decorativos barrocos y la paleta de colores de la Chiquitania, las ruinas jesuíticas bolivianas. En cuanto a las construcciones indígenas, Renata se inspiró en un Brasil primitivo, con chozas de mucha paja y madera. 

 

 

  

El arte de Zama prevalece por tener el coraje
y la soberbia de rivalizar con el imaginario
a través de escenarios desnaturalizados

y despojados de simbologías dominantes

 

 

 

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¿Quién es don Diego Zama? Un suicidio identitario, una entidad ambulante y astillada por la fulminante espera de lo concreto (que no solo involucra factores externos o por fuera del alcance del personaje sino que parte en primera instancia de una figuración recia y agarrotada de sí mismo que lo engulle y paraliza). El propio Zama así lo pone en la novela:
 
Más bien, yo esperaba ser yo en el futuro, mediante lo que pudiera ser en ese futuro… Tal vez creía serlo ya y vivir en función de esa imagen que me aguardaba adelante. Tal vez ese Zama que pretendía parecerse al Zama venidero se asentaba en el Zama que fue, copiándolo, como si arriesgara, medroso, irrumpir algo.

 

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El concepto de resistencia ligado a la noción de identidad encarna en esta película una articulación transversal. Desde el arte acompañan suelos terrosos y lodos empastados, perros y gallinas en un escenario agreste pero que se siente estéril por estar colmado de sustancias sólidas como la piedra o barrancas arcillosas en marcos desolados que convocan desde sus formas y texturas a la rigidez identitaria como uno de los núcleos del conflicto que habita la trama. Se procuró, además, evitar fuertes contrastes de luz y color con el cometido de generar un efecto visual de aplastamiento que hunda de alguna forma a los personajes en la escena.
 
Zama gravita en un tiempo poco nítido y arremolinado, en tanto, como hipnotizado, es devorado por un nihilismo salvaje y penetrante que, con sutileza corrosiva, se apropia de su existencia particular hacia la segunda mitad de la película. Y cuanto más se acercan las cosas a la no existencia, más exquisitas y evocadoras se vuelven ;)

 

 

 

 

 


—Asumimos de forma concreta el desarrollo de este proceso mediante la creación de espacios laberínticos y encerrados de difícil acceso, en conjunto a una propuesta de fotografía con poca profundidad de campo y encuadres cerrados que esperan ser ocupados por el espectador.
 
Pisoteando sin recelo sus propios esquemas, el arte de Renata Pinheiro en esta ocasión consigue explicitar el corazón de la película a través de la materialización libre pero sostenida de un alma desamparada que espera y se mueve en círculos mientras. Una historia de 1790 escrita en 1956 hecha película en 2017 bate flexible en un espiral conflictos humanos más que vigentes y contemporáneos, Renata los viste y colorea con ímpetu provocador para que esos conceptos, como llamadas que no suenan, nos muevan internamente en precedencia a toda racionalización.
 
—El mayor aprendizaje que llevo para mi obra luego de haber trabajado en esta película con Lucrecia Martel es el de evitar lo obvio. Siempre hay, y siempre es, otro punto de vista que conduce al pensamiento. Una persona piensa en la vida cuando se enfrenta a lo diferente, entonces y partir de ahí, elijo encauzar mi creatividad hacia el camino transformador.

 

 

*Las fotos que acompañan la nota son cortesía de Valentina Fiorini.

La nota recitada por Alejandra:

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