Intervención sonora del Palacio Salvo, por Brian Mackern

09.11.2017

Hic et nunc

 

La invitación al evento, el martes 17 de octubre, nos habla de una obra que solo existe para ser experimentada: “Música para estar”. Intervención Sonora - Salvo Sonificado/Homenaje al Palacio Salvo fue creada y ejecutada por el artista Brian Mackern (Uruguay) en el marco del festival de arte sonoro Monteaudio17.

 

En la convocatoria se fijaba el horario a las 18.30 (puntal), pero jugando con los guiños a la puntualidad local, me atreví a llegar unos cuatro minutos tarde, que sigo lamentando. ¿Por qué? Probablemente haya existido una especie de introducción, una línea guía para seguir el recorrido, alguna herramienta para enfrentarse a la novedosa experiencia. Aunque me presenté con el recorrido empezado, fui rápida en encontrar un lugar para ubicarme, sentada en el suelo, próxima a un parlante amplificador, y prestar atención.

 

Al introducirme, como apenas sumergiendo un dedo del pie en el agua del mar antes de zambullirse, observé al público, alrededor de 50 personas, en silencio, asombradas a veces, extrañadas en otras; quizás era el reflejo de la expresión de mi rostro. También participaban intermitentemente los casuales transeúntes y aquellos que bajaban de sus hogares y se encontraban de manera sorpresiva en el evento artístico. La mayoría permanecía en el lugar elegido, rodeando al artista, de pie, como en un anfiteatro. Los espectadores más experimentados, asumo, se movían de un lugar a otro, los notaba tomando algo de cada espacio vivenciado.

 

 

Me detuve a observar el entorno, el Pasaje Andes, la galería que atraviesa el Palacio Salvo, uniendo Plaza Independencia y la calle Andes; algunos locales, ascensores, y un techo de gran altura que forma una bóveda sobre el cúmulo de personas, en tonos de grises y marrones, ese aspecto avejentado de la piedra del emblemático edificio de 89 años.

 

Brian estaba ubicado de pie, frente a un escritorio, con equipos y consolas de varias perillas, que movía con serenidad y precisión, generando todo tipo de alteraciones sonoras y observando su evolución.

 

El recorrido de 20 minutos fue sumamente intenso.

 

Una vez asimilados los distintos e inquietantes sonidos que se emitían simultáneamente, se los podía empezar a sentir interactuar, armarse y desmoronarse, buscando cada uno entrar vigorosamente en el cuerpo, y funcionando como conjunto de manera envolvente, no apabullando, sino conteniendo, abrazando, envolviendo.

 

En el transcurso de los minutos, totalmente sumergida en el viaje, de a poco me encuentro en un fulminante in crescendo, una tempestad que arrasa con todo; ya no solo me limito a sentir las vibraciones en el suelo, llevo mi mano al pecho, cierro los ojos y siento mi caja torácica vibrar con intensidad como la misma habitación, y por alguna razón, me veo inexplicablemente conmovida, mis ojos se humedecen y no veo otra razón que la conjugación de sonido y vibración con la disposición a una apertura sensorial.

 

 

Abro mis ojos, observo la cúpula y casi puedo ver las ondas. Imagino cómo se proyectan, expanden y chocan; y no estoy sola, pues vuelvo mi mirada a mis compañeros de viaje y encuentro a un par de ellos pretendiendo capturar estallidos de ondas con sus cámaras enfocadas en la resonante bóveda.

 

Luego del clímax, la intensidad comienza a apaciguarse, en el mar, todavía aferrada a la balsa, se despierta la calma, la serenidad, la luz del sol del ocaso invade la galería sumergiendo la escena en tonos de amarillo cálido, el sonido se va perdiendo con una delicadeza imperceptible, para concluir en un estallido de aplausos. Quizás saliendo del trance aun, me levanto, y agradezco.

 

***

 

Hic et nunc se traduce del latín “aquí y ahora”. Elegí estas palabras para introducirme a la descripción de la experiencia porque las considero un acertado resumen de la obra. El sonido no se percibe solo con el oído sino que se siente a modo de vibraciones físicas tomando conciencia en ese momento de una noción del cuerpo en su totalidad. Su capacidad envolvente genera una contención que abraza, los sentidos se abren. No es asunto sencillo estar aquí y ahora, no es usual, menos como colectivo. En la experiencia la energía se expande y se crea un ambiente armónico, compartido.

 

 

Disparada ya mi curiosidad, me puse en contacto con el artista, a quien transmití algunas dudas, cuyas respuestas comparto aquí:

 

Si se sigue tu obra en las redes, se puede notar un tratamiento contemplativo minucioso de edificios emblemáticos de Montevideo, encontrados como parte de #escenasmontevideanas, con gran interés en el Palacio Salvo, fotografías en diversos paisajes generados por el punto de vista y la influencia del clima y la luz, y un gran homenaje de aniversario con la obra Rodeando al Salvo de este año. ¿Cuál es tu relación con estas #escenasmontevideanas y desde dónde parte esa contemplación del Salvo?

Me encanta ir encontrando edificios interesantes cuando paseo por las ciudades en general. Montevideo es muy rico en ese sentido, sus cúpulas, torres, claraboyas, fachadas, ornamentos, son detalles de arquitectura que aprecio y redescubro continuamente, debido también a los cielos y estaciones tan marcadas que aún disfrutamos. Con cada cambio de ángulo y fuerza de luz se visibilizan detalles nuevos. Me interesa la carga nostálgica que tiene la arquitectura montevideana (o lo que va quedando de ella), de un Uruguay que ya fue, o de un “deseo de ser” de esa época, y que desde este presente nos llegan esos ecos. Siento este tipo de edificios como si fueran antenas de esos ecos.

 

#escenasmontevideanas es mi colección de registros casuales de ese tipo de miradas que voy encontrando. A veces me genero miniproyectos en los que la búsqueda de ese registro ya no es tan casual; por ejemplo, la mirada al Palacio Salvo rodeándolo a una manzana de distancia desde todos los puntos desde donde se logra ver, ese tipo de cosas.

 

El Salvo para mí es el ícono montevideano. Está muy integrado al skyline de la ciudad. Lamentablemente, es algo que también está comenzando a perderse. En poco tiempo se perdió la soledad y preponderancia de ese edificio en la línea de cielo.

 

Yo siempre viví en esta franja costera en la que el Salvo convive, y también siempre me cautivó la magia que despide, como un encantamiento. Ya existe un imaginario popular construido alrededor de él, alimentado por sus historias ocultas, las elucubraciones místicas de su arquitecto Palanti, la trágica historia de la familia Salvo, las historias de sus fantasmas, etcétera.

 

En el evento se describe la obra como: “... las texturas sonoras que integran esta intervención provienen de sonificaciones de los datos recolectados del edificio […]”, lo que me parece bellísimo, pero para entrar más en detalle: ¿qué significa esa sonificación? ¿Con qué variables se trabaja, o cuáles se tienen en cuenta para generar el sonido? Es decir, ¿qué datos elegís sonificar? ¿Son esos datos relevantes para la experiencia?

Todo esto es en realidad parte de un proceso de trabajo que llamo “Cartografías Afectivas”, que vengo desarrollando desde 1997, y que muy ampliamente conecta maneras personales y comunitarias de mapear, de entender e interpretar creativamente el entorno en que somos y estamos, y que tuvo muy diversos abordajes y formas interdisciplinarias de desarrollo y producción. Ha ido mutando en los últimos años hacia una concepción más creativa y personal de lo que siento como lugar, en la que busco que el cúmulo de datos que lo pretenden definir sean reinterpretados y representados de manera algorítmica y multimedial.

 

Lo sonoro siempre estuvo presente en este proceso, pero en los últimos años comienza a cobrar una importancia mayor en lo que considero una onda expansiva, en la búsqueda de una sonificación propia del lugar, buscando un footprint sonoro que lo recree.

 

Con respecto a “música para arquitecturas” o “música para estar”, establezco el mismo tipo de relaciones. Elijo lugares que me cautiven y en los que quiero experimentar, y a partir de ahí pienso y diseño texturas de sonido, alimentadas a partir de los datos que lo relacionan y lo describen. Claro que esa descripción puede ser tan matemática como trabajar con cuántos pisos o cuántos apartamentos tiene, la altura y sus dimensiones en general, y representarlos en frecuencias sonoras, pero pienso también en cómo reaccionaría el lugar, en qué condiciones de “estar” se encuentra el escucha y, sobre todas las cosas, el cómo podemos percibir en ese lugar y en ese momento, de manera tal que realmente nos sintamos en ese lugar y en ese momento. Es como buscar un detenerse activo, un ser y estar en el lugar.

 

Considero que los datos son relevantes en cuanto a que esa intervención sonora puede ser decodificada de manera fidedigna y devolver la información que la produjo. En ese sentido, es de nuevo la búsqueda de un sonido que contenga un footprint único del lugar. En otra capa de sentido, y para la experiencia en sí, estoy de acuerdo en que en realidad construye una predisposición en la escucha, una mitificación. El saber que lo que se escucha es a la vez ese lugar y que ese sonido contiene en su propia génesis la información descriptiva del edificio, también aporta una suerte de aura. Para mí toda esa argamasa sonora me sirve de materia prima para luego ir remixando y controlando de alguna manera la navegación sonora durante el concierto.

 

Para el del Salvo elegí para la generación de las frecuencias sonoras la altura del edificio, cantidad de apartamentos, altura de la torre, cantidad de pisos, el registro del campo electromagnético del Pasaje Salvo, cantidad de habitantes del edificio, y posición de los planetas en el cielo en ese momento y su identificación, entre otras cosas.

 

Esta obra se enmarca en el festival de arte sonoro Monteaudio, pero se nombra como parte de un proyecto mayor, una serie de intervenciones en edificios, de la que esta vendría a ser la séptima. ¿Me contás un poco más de esta serie? ¿De qué se trata la música para arquitecturas?

“Música para arquitecturas”, o para espacios arquitectónicos, es un spin-off de carácter más meditativo de “Cartografías afectivas”. Lo he trabajado con diferentes espacios: la Capilla del Señor de la Paciencia, el Museo Blanes, el Salvo, y también en espacios abiertos para gente meditando, en México.

 

Lo primero que hago es una investigación bastante exhaustiva de todo lo que pueda ser descriptor del lugar y que sea medible. Me armo carpetas con todo lo que encuentro, desde la historia, el contexto y el presente del lugar, también el registro de otros en la historia. Registros sonoros o programas de radio de la época en que fue construido, la sociedad y qué se escuchaba de música, o qué se pensaba.

 

A veces me cuelgo con ver las líneas de ventanas de un edificio, como un secuenciador por pasos, donde una ventana cerrada es un silencio y una ventana abierta un disparador, y me imagino cómo sonaría esa secuencia rítmica. O ver una curva de un edificio y relacionarla con sinusoides, o que algún pequeño dato me sirva como parámetro de control de algún filtro que procese una serie de frecuencias.

 

Durante la obra pude sentir físicamente el peso de las vibraciones y su resonancia tocando fibras emocionales. El sonido está ligado fuertemente a las emociones, pero en este caso, en la aproximación al sonido sin tener referencia o herramientas para decodificarlo, en tu opinión, ¿qué factores influyen en esta conmoción? ¿Investigaste sobre eso?

Investigo bastante y siempre estoy retrabajando cosas a ese nivel. Me apasiona el tema. Somos mayormente agua y vibramos en resonancia a todo lo que nos rodea, incluso a la matriz eléctrica en la que estamos inmersos. Creo totalmente en la influencia del sonido en nuestras vidas y en el mundo. A través de la historia existe siempre alguna referencia al impacto de lo sonoro, también en las cosas. La descripción bíblica de las 7 Trompetas de Jericó, por ejemplo, la considero plausible: derrumbar murallas por medio del sonido. Creo en la influencia de las frecuencias en nuestro cuerpo y conexiones neuronales. Trabajé bastante en generar música para personas en estado de meditación, la búsqueda de un estado de escucha absoluta.

 

En este momento estoy investigando el ronroneo de los gatos, al que se le adjudican tantas propiedades, incluso de autocuración. Son frecuencias que rondan entre los 27 y 44 hercios, frecuencias graves que nos hacen también vibrar al punto de que casi las escuchamos a nivel del cuerpo y no del oído.

 

Creo que todas estas prácticas se van interalimentando, y tal vez sea por eso que los trabajos sonoros en espacios arquitectónicos tienen algo de introspección, pero también de ritual, y de escapar del ruido por el ruido y la velocidad en la que estamos metidos a nivel de sociedad. Buscar un ser y estar en el lugar.

 

También al trazar mi “hoja de ruta” para un concierto de este tipo (elegir qué sonidos utilizar, qué representación, qué tipo de organicidad o síntesis sonora, qué instrumentos, etcétera) siempre busco mucho en el tema de los espacios arquitectónicos la reacción posible del lugar. En el Pasaje Salvo están las bóvedas, donde el sonido puede “caminar” e ir rebotando (por decirlo de alguna manera) y, para tener en cuenta eso, tengo que elegir qué textura funciona más que otra para lograr el efecto de escucha que me interesa. Escuchar colectivamente también es algo necesario para mí en estos casos. Creo que la escucha colectiva en este tipo de ritualización sonora nos expande a todos. Siempre siento en este tipo de conciertos que todos terminamos más en paz y a la vez contentos de que vivimos en conjunto algo único y muy propio, un poco inexplicable.

 

En un momento, al final de la intervención, comentaste algo sobre la alineación de Júpiter y Saturno, y cómo justamente estaban sobre nosotros. ¿De qué se trata esa influencia planetaria en la obra?

El tema de la sonificación, desde un punto de vista más amplio, se podría relacionar en la historia con lo que se proponía desde la Armonía de las Esferas de los pitagóricos, en la que se buscaban relaciones basadas en proporciones numéricas armoniosas entre los cuerpos celestes, y muchas otras que ha habido. Incluso nos pone frente a la discusión de por qué afinar una nota la a determinada frecuencia y no a otra, o por qué no ampliar la concepción de tono y semitono.

 

A partir de ahí, surgen muchísimas teorías en las que se adjudican notas e intervalos a los cuerpos celestes (según su posición, sus distancias, sus volúmenes), y me pareció bueno incluir este factor a nivel sonoro de los posicionamientos de los planetas en el cielo en el momento en que se inauguró el Salvo. Creo que es un elemento importante para agregar, debido a todo ese imaginario y leyenda alquímica que refiere a la concepción del edificio, y en especial al punto exacto en que se hizo la intervención sonora, que es donde la leyenda urbana dice que existe un punto de energía en que las plantas mustias se revitalizan y en que las personas van a pararse porque dicen que así se les van los dolores de cabeza. Como comentabas antes, esta construcción mítica y ritual ayuda también a ese recogimiento necesario para la predisposición a otro tipo de escucha.

 

***Gracias a Brian Mackern por las fotos y por el colchón sonoro que acompaña la nota en audio, que pertenece a una activación que hizo en Bahía, Brasil, y que nos brindó especialmente.

Brian Mackern

Es desarrollador y diseñador de proyectos artísticos digitales e híbridos basados en la red desde 1995. Es músico, compositor y creador de estructuras y entornos autogenerativos y reactivos sonoro-visuales. Su práctica artística indaga en esferas definidas por los recuerdos y la rememoración, la representación alternativa de la localización, las geografías y cartografías urbanas, el ruido, las mezclas, el glitch y el data bending. Su trabajo, principalmente relacionado con procesos y estructuras que atraviesan el entorno digital y el real, explora el diseño de interfaces, la creación de juguetes sonoros, las transposiciones digitales de la representación, los objetos visuales/sonoros, las animaciones de video y datos en tiempo real, el netart y el arte sonoro. Ha presentado su obra y ofrecido talleres y conferencias por América Latina y Europa. Su trabajo se ha exhibido en los principales festivales de arte y recibido reconocimientos de numerosas instituciones. Es curador y coordinador de proyectos relacionados con arte y educación basados en tecnologías contemporáneas.

 

Monteaudio17

Quinta edición del Festival Internacional de Arte Sonoro que se realiza en Montevideo. Curado por Lukas Kühne y Fabrice Lengronne. Las actividades tuvieron lugar en diversas locaciones de la cuidad del 14 al 22 de octubre. Fueron algunas de ellas talleres, conciertos-performance, paseos sonoros e intervenciones.

La nota recitada por Fefé:

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