• Fefé Fridman

Björk Digital, y el buceo en catársis lisérgicas


It’s, oh, so quiet, it’s, oh, so still, you’re all alone, and so peaceful until1: El corazón de Björk se rompe, crea un disco catártico maravilloso y produce una exposición inmersiva de realidad virtual que transita por sus estados de destrucción, angustia, curación y creación.

Björk Digital es el título de la exposición de realidad virtual que ha recorrido varias ciudades (Tokyo, Sidney, Montreal, Reikiavik, Londres, Los Ángeles, México DF y Barcelona) hasta desembocar en Buenos Aires, más precisamente frente a la Usina del Arte, en el marco del Festival Ciudad Emergente, para luego continuar su trayecto. Lamentablemente, Buenos Aires fue la única locación en donde no hubo show en vivo que acompañara la exposición, con el que podría potenciarse su impacto.

Para la creación de la obra, Björk como productora se vale de grandes figuras en distintos roles: programadores, artistas visuales, directores cinematográficos, diseñadores y más. Algunos nombres que se destacan en este dream team son: Michel Gondry (director de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, entre otras), Alexander McQueen (diseñador de modas), Spike Jonze (Being John Malkovich), Stephane Sednaoui (ha dirigido más de 50 videoclips para grandes bandas) y Andrew Thomas Huang (artista y cineasta experimental), entre otros.

No es habitual participar en una exposición de realidad virtual en el contexto local, por lo que la predisposición a la experiencia expositiva se percibe diferente. La novedad, la incertidumbre que genera el medio, sumado a la estética característica de la artista, hacen al público presentarse de las más variadas maneras; asumo que algunos con bastante escepticismo ante el desafío y el entorno mainstream. En mi caso, llegué cargando mi inocencia y sensibilidad desbordantes.

El acceso a la exposición es en grupos pequeños, de alrededor de 15 personas. El recorrido es guiado sala a sala por asistentes, quienes hacen una pequeña introducción técnica y contextual, para luego dejar que nos sumerjamos individualmente en la experiencia. El espacio se convierte en un no lugar: largos cortinados, paredes, techo, un mínimo mobiliario y el vestuario de los asistentes de negro. El espacio pierde total interés, parece que no hay nada que la realidad tenga para ofrecer en este entorno.

La primera instancia, a modo introductorio, presenta un conjunto de tablets sobre una mesa, con la invitación a interactuar en una aplicación de función educativa, creada por la artista, en la que a partir de la rotación manual de una galaxia, se accede a distintos juegos que exploran el vínculo entre música, naturaleza y tecnología.

Ya impaciente por zambullirme en la virtualidad, accedo a la segunda sala, taburetes giratorios alineados con visores VR y auriculares sobre ellos. Cada participante se ubica en un lugar y comienza la inmersión. Antes nos comentan que en el trascurso de la creación de los temas seleccionados del álbum Vulnicura, de 2015, Björk estaba transitando por una dolorosa ruptura amorosa, y que seremos partícipes de su proceso. Accedemos, a eso vinimos.

Una vez instalado el casco, en soledad, me encuentro en un túnel rocoso, similar a una cueva. Giro. En un extremo luz, por otro la oscuridad. En los lados del estrecho túnel simulan aparecer dos largas pantallas, recortadas de la imagen; en ellas se representa a la artista interpretando el tema “Black Lake”, expresivamente: la vemos contar la historia, sentir el dolor, golpearse el pecho con vigor, en un paisaje atravesado por un brote de desbordante lava azul brillante y translúcida. Ciertamente, se percibe como una experiencia dolorosa, la angustia es palpable. En ambos lados se reproducen las mismas imágenes, pero espejadas. Este video fue una obra comisionada que formó parte de la retrospectiva de la artista presentada en el Museum Of Modern Art de Nueva York, en 2015, dirigido por el cineasta Andrew Thomas Huang.

En la siguiente inmersión me encuentro en una playa en Islandia, arena de pequeños guijarros, un faro asomando en el horizonte y un clima gris, espeso. En esta experiencia ella me rodea, etérea, vistiendo una prenda similar a una túnica de gasa de un amarillo estridente, contrastando con el sombrío paisaje, flameante por la brisa del mar. La sigo, 360°, mientras interpreta el tema “Stonemilker”, hasta multiplicarse, en dos, tres, cuatro... pierdo la cuenta. Giro, la busco, ella baila, juega, corre, a veces está a varios metros, y a medio giro de taburete, su rostro está a pocos centímetros. El tema habla de encontrar una conexión, una sincronicidad de sentimientos, no pierde el contacto visual al decirlo. Casi traduciéndose en un mensaje global, romántico, pero con arraigo en la depuración de su herida. Más allá de las varias Björk a mi alrededor, la escena no pierde realismo, la playa existe, ella está allí.

La introducción a una nueva experiencia parece conducir a una especie de estímulos diferentes. La idea del siguiente video nace luego de que la artista se realiza una intervención quirúrgica en la garganta que podría afectar sus cuerdas vocales. El siguiente episodio parte de su miedo de perder la voz y es registrado completamente dentro de su boca. Así es como me sumerjo a un costado de su lengua, asumo. Tengo ahora completa visión desde el interior; veo la boca abrirse y cerrarse mientras canta, distintos tonos de rosado, las diferentes texturas de sus papilas gustativas, el paladar, me encuentro sobre su saliva y veo sus dientes enormes, brillantes. Todo comienza a moverse en espiral fluctuando con los tonos de la canción. “Mouth Mantra” es sumamente incómoda y atractiva. Visceral, sensual y morbosa.

A este video se le agrega un bonus track, una intervención de realidad aumentada realizada sobre Björk en un concierto en Tokyo. “Quicksand” es el tema. Ella, parada frente a mí, usando una máscara que emana luces, líneas sinuosas ondulantes de colores estridentes en un entorno oscuro, irreconocible. En ciertos momentos su cuerpo se deshace en pequeñas partículas de luz, con un movimiento que imita la interacción de una corriente de aire y arena, para volver a armarse repentinamente, mientras la canción es interpretada. Un continuo juego de luces y colores, combinados con lo delicado, infantil, sensual y ambiguo de sus movimientos.

La última experiencia fue quizás la más impactante; esta cobra una profundidad multisensorial y un alto grado de intimidad. La sala cambia, se dejan atrás los taburetes giratorios y se divide en amplios boxes individuales separados por grandes cortinados. Cuando ingreso a mi box, al casco de realidad virtual se le agregan dos comandos manuales y un objetivo: tomar los hilos y coser la herida en el pecho de la artista. Nos invita a dejar de ser testigos y convertirnos en una parte activa en su curación. La asistente de sala, muy amable probablemente al ver mi rostro desconcertado (quizás por lo que había sido y la expectativa de lo que vendría), me anima: “Lo importante es dejarse llevar”. Dos brazos élficos translúcidos aparecen en lugar de los míos, hilos, cientos de hilos como tentáculos salen de la herida en forma de vagina en el pecho de una Björk cuyo cuerpo va creciendo en escala a medida que avanza la canción. Ella me mira, y mueve dulcemente sus brazos invitándome a coser. Intento imitar la delicadeza de sus movimientos, la magia. Tomo los hilos y ellos interactúan conmigo, siguen formas ondulantes, los puedo girar como cintas, darles impulso, entrecruzarlos.

Lentamente se va acercando, sin percatarme de ello casi la tengo sobre mí. Mi reflejo automático es hacerme a un lado, dándole espacio o quizás sacándola del mío, pero por supuesto que no lleva a ninguna parte. Su herida, su cintura y sus senos están sobre mí, la herida abierta empieza a emanar distintas sustancias y formas tridimensionales, constantemente en movimiento sobre sí misma. Intento coserla con velocidad, pero no tiene efecto. Trato de acceder a su rostro pero aparece alto y lejano, y ella cada vez más cerca, tan cerca. De un momento a otro trasciendo la barrera y me veo engullida por su herida. Me encuentro en su interior. Puedo ver su rostro desde adentro, sus límites, sus contornos se desdibujan. Pausa, respiro, mi pecho se expande. ¿Soy atravesada por ella o soy yo la invitada? ¿Somos lo mismo en este momento? La experiencia dura pocos segundos, sigue de largo, miro hacia atrás y allí está. Mirándome. Todo se vuelve rojo, incandescente, lava empieza a brotar. La inmersión continúa pero luego del incidente es difícil recordar cómo…

Lo novedoso de la experiencia es sólo una parte del atractivo. La forma envolvente de manipular imagen y sonido, el uso de líneas, colores, contrastes, luces que interactúan con un entorno mágico, fantasioso, generan un recorrido inmersivo, podemos perdernos allí. Pero creo que el fundamental punto de foco es el padecimiento de la artista, la ruptura, el duelo. Acompañar ese proceso tan humano, versionado de una forma apasionada, hacen al espectador experimentar el desconcierto, la angustia, el enojo, la confusión. Trascendiendo la fantasía, el arraigo a la realidad y la búsqueda de profundidad generan una obra con la que se logra empatizar y transmutar.

Se podrá experimentar Björk Digital gratuitamente hasta el 30 de diciembre en la Usina del Arte.

1 Primeros versos del tema icónico de Björk “It's Oh So Quiet”, del álbum Post de 1995.

La nota recitada por Fefé:


DISEÑO Pía Alive (identidad) | Florencia Sacarelo (arte) + Maggie Sagarra (web)

ninablaufoto@gmail.commaggies.84@gmail.com - Montevideo, Uruguay

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